miércoles, 20 de junio de 2018

Nuevas necesidades pedagógico-educativas de los jóvenes del siglo XXI. Contribución desde el perfil docente.


Es necesario enseñar los métodos que permiten aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo en un mundo complejo.                                                                  
 Edgar Morin, Los 7 saberes necesarios para la educación del futuro.

Los jóvenes del siglo XXI.

Desde hace 30 años la dinámica social ha cambiado mucho en todas sus esferas: el ambiente familiar, el laboral, el vecinal, el institucional y el educativo. Los jóvenes del siglo XXI, bautizados como milenians, crecen en un mundo que es un poco ajeno a quienes crecimos a finales del siglo XX. Cuentan con otros referentes identitarios, culturales, e históricos. Los contenidos disciplinare s (para el caso de materias como Historia de México o Ciencias Sociales) pueden parecer ajenos debido a que no se enlazan con referentes propios. Las tecnologías han ampliado sus horizontes, y aunque muchos docentes se niegan a caminar por tan vastas praderas informáticas e informativas, éstas son el paquete con el que nacen, crecen y se desarrollan las nuevas generaciones. Este contexto hace necesario que se modifiquen distintos elementos que se encuentran alrededor de la educación de las y los jóvenes. Así, no es suficiente con reelaborar planes y programas de estudios, con sugerir e implementar estrategias pedagógicas o actualizar las estrategias de trabajo del personal docente: se hace necesario que cada uno de los que estamos frente a grupo desarrollemos una serie de habilidades para poder cumplir con dos objetivos: 1) proporcionar herramientas suficientes a las y los jóvenes para que ellos se lancen al infinito espacio del conocimiento y la información, con una conciencia crítica, y 2) hacer que el trabajo en el aula sea el parteaguas para que lo anterior se cumpla.

Las nuevas necesidades pedagógicas.

La formación de individuos integrales, con una conciencia crítica, capaz de detectar, proponer y desarrollar alternativas de solución a situaciones personales o colectivas es una necesidad de las nuevas generaciones. No es suficiente que los estudiantes adquieran un conocimiento disciplinar, sino que es indispensable fomentarles la idea de saber qué hacer con él. El conocimiento es poder, entendido éste como la capacidad o facultad para hacer o no determinada cosa. En la toma de decisiones poseer información, poseer conocimientos, es indispensable para cada contexto, es decir, debe servirnos para algo, para nuestros fines, para diferentes momentos de la vida de las personas. Y por ahí se debe reorientar el enfoque por competencias, aplicado en distintas partes del mundo con diferentes resultados.
Otra necesidad pedagógica es que los jóvenes relacionen su contexto con el conocimiento disciplinar (cualquiera). Los estudiantes ven con distancia muchos de los saberes impartidos en el aula, la manera de exponer los conocimientos por parte del personal docente muchas veces es ajena a su realidad. Cuando no hay relación entre lo que se ve en el salón con la vida cotidiana, hay un desconcierto. Frases como “eso no me sirve para nada”, “pero si yo quiero estudiar medicina para qué Historia”, “es muy aburrido, no creo que lo ocupe alguna vez” son comunes entre los estudiantes. Es por esto que debemos buscar las formas de dirigir un aprendizaje situado y significativo, es decir, meter en el contexto de nuestros estudiantes el conocimiento disciplinar, de manera que pueda ser útil, práctico, y así quede grabado para utilizarlo cuando sea requerido. Para anclar el conocimiento podemos hacer uso de metáforas que indiquen la utilidad de nuestro conocimiento. Por ejemplo, quizá la anatomía o la geografía no me interesen mucho, pero en el cuerpo de la persona que amo o en los lugares a los que voy de viaje, seguro voy a reconocer muchas cosas de esos temas y disciplinas que parecen alejadas. Responder a la pregunta “¿para qué me sirve el conocimiento?” es fundamental para un aprendizaje situado.
Buscar una formación multidisciplinaria y un pensamiento interdisciplinario es otra necesidad pedagógica. Los jóvenes se preocupan mucho por actividades laborales y aunque vieja, y tal vez cuestionable, la idea de ascenso social, mediante la preparación académica, sigue vigente. Cada contexto espacial, social, cultural, económico, temporal requiere que las personas desarrollen diversas capacidades y saberes, con las que se tiene una mayor probabilidad de generar un bienestar a nivel social, familiar e individual. Aunque formado en una disciplina, puede hacer uso de herramientas de otras para poder ampliar su panorama laboral. Las y los jóvenes al egreso de sus estudios se plantean, “Estudié Biología, pero de momento no encuentro trabajo como biólogo, pero aprovecho mi habilidad que tengo para escribir, y mando algunos textos a revistas de divulgación, o propongo realizar una sección de cosas sobre mi disciplina en un programa de radio”. No se trata de ser “todólogos”, se trata de contar con diferentes herramientas que nos proporcionan todas las disciplinas, para ampliar nuestro panorama laboral y económico. Para cumplir esta circunstancia, el personal docente y directivo tiene que reorientar el trabajo entre las diversas academias, para que haya comunicación entre los profesores que trabajan con los mismos grupos. Y también se requiere que el personal docente adquiera herramientas que permitan trabajar la interdisciplina. Hacer complejo lo simple, para ampliar nuestro abanico laboral, académico, empresarial, familiar y social.
La construcción del conocimiento[1] de manera grupal, dentro del aula, es otra necesidad pedagógica de las nuevas generaciones. Trabajar en el aula construyendo entre todos, literalmente, el conocimiento permite que las y los jóvenes adquieran seguridad y fortalezcan su autoestima, dos elementos indispensables para su vida académica, familiar y laboral. En este sentido también es importante fomentar la idea de que hay muchas tendencias en el conocimiento, es decir, enfatizar, por ejemplo, en que la realidad social no es la misma para todos, y que lo que puede ser positivo para alguien, puede ser negativo para otro, esto sin invalidar ninguna de las dos posturas.
A partir de esto, surge otra necesidad pedagógica de los jóvenes del siglo XXI: proporcionar una educación para la paz, la equidad y el respeto. En este mundo cada vez más interconectado, día a día aprendemos y conocemos cosas nuevas, nuevas formas de ser, nuevos estilos, nuevas modas. Aprender a respetar, a convivir y a construir con esas diferencias es de vital importancia para una sociedad donde la diversidad es cada día más visible. Fomentar el conocimiento y uso de los derechos humanos en el aula promoverá en los estudiantes un comportamiento ético y una actitud respetuosa frente a la diversidad social. De igual manera, que las personas se conozcan y se reconozcan como sujetos de derechos, fortalecerá su autoestima, entendida ésta como la capacidad de reconocer las propias fortalezas y debilidades, la capacidad de reconocer lo que se sabe y lo que se desconoce y de lo que se requiere saber para poder desarrollarse en los diferentes ámbitos de la vida. Además, la autoestima, en el alumno, le permitirá se empático con sus pares.
El binomio tecnología-educación es otra necesidad pedagógica de las nuevas generaciones. Se debe fomentar la idea de que el internet y las redes sociales pueden ser algo más que meros instrumentos de diversión y socialización. Utilizar estas tecnologías para construir wikis, blogs, páginas web2, web 2.0, foros con contenidos académicos y de divulgación; organizar debates en Facebook, utilizando las reglas de socialización de respeto; utilizar Whastapp para intercambiar información escolar; utilizar el correo electrónico para establecer comunicación, en fin, reorientar la función de las tecnologías informáticas y de la comunicación para acceder al conocimiento académico. El acceso abierto al conocimiento científico es un derecho que las y los alumnos deben saber que poseen y que pueden ejercerlo.

El papel del docente.

Los docentes de hoy en día debemos contar, además del conocimiento de nuestra materia, con instrumentos pedagógicos que nos permitan generar empatía con las y los jóvenes, adentrarnos en sus problemas para visibilizar cuáles son los posibles obstáculos que interfieren en su desarrollo cognitivo. Es indispensable que seamos empáticos, respetuosos, desprendernos de aquellos elementos que de una manera u otra impiden que nuestra labor formativa sea efectiva.
¿Educador o facilitador? Los docentes tenemos que construirnos como facilitadores del conocimiento, es decir, como aquellos que muestran las vías por las cuáles se puede acceder a él a través del aprendizaje. Para ello, independientemente de nuestra disciplina, es indispensable contar con distintas herramientas psicopedagógicas (habilidades socioemocionales) que nos permitan ejercer ese papel de manera positiva. Formarnos como talleristas más que como docentes tradicionales, construyendo el conocimiento de manera conjunta con los estudiantes, tomando en cuenta su contexto y atendiendo a los distintos estilos de aprendizaje y a las inteligencias múltiples. Conocer aspectos como los intereses, retos, estados de ánimo, capacidades y habilidades de nuestros estudiantes nos permitirá entenderlos mejor, y apoyarlos o reorientarlos en su toma de decisiones.
¿Es el docente el psicólogo del alumno? No. No se trata de convertirnos en eso, pero sí de tener ciertas herramientas que nos permitan interactuar mejor con los jóvenes y aterrizar nuestra labor, que en última instancia, es formar a esos jóvenes que son quienes pueden construir una sociedad mejor. Es indispensable contar con herramientas que nos permitan reconocer los obstáculos que impiden el anclaje del conocimiento, el reconocimiento de éstos nos conducirá en la creación y aplicación de estrategias que reviertan el tedio y la desvalorización de la importancia de la educación. Lo que ha caracterizado las últimas décadas es el sexismo, la discriminación, el machismo, la trata sexual, la desvalorización de las juventudes desde una visión adultocéntrica, la homofobia y otras formas de expresión de violencia, son las pautas que rigen la convivencia en el ámbito escolar, entrelazados con las relaciones que se establecen en el familiar, en el laboral o de pareja. Tenemos que empezar a ver la educación y nuestro papel más allá de la trasmisión del conocimiento disciplinar, vernos dentro del aula como agentes potenciales del cambio social.
La atracción del conocimiento es el principal reto que tenemos los docentes. Las personas que gustan por estar constantemente aprendiendo tienen un espectro más amplio de desarrollo psicosocial. Debemos diseñar estrategias que atrapen a los estudiantes, que les motiven el gusto por conocer más, que les resignifiquen el por  qué de los temas que vemos dentro del aula. No es algo fácil, porque tenemos muchos estudiantes y todos con distintos estilos de aprendizaje. Pero ahí está precisamente el reto: reconocer el contexto personal del alumnado y ubicarnos como agentes de cambio social, y no solamente como meros transmisores del conocimiento.
La educación integral debe guiar nuestro trabajo en el aula. Formamos seres humanos, con sentimientos, emociones, formas de pensar distintas. Tenemos que ver que nuestra labor influye en la vida de nuestros estudiantes, en su contexto familiar, social, de noviazgo, en su salud. Nuestra sociedad requiere de individuos que sepan que cada acción influye de una u otra manera en la dinámica social de la que todos somos parte.
La constante capacitación de los docentes, enfocada principalmente en la interdisciplinariedad y cuyo eje pedagógico sea el ejercicio de los derechos humanos, garantizando la igualdad de derechos y el respeto a la otredad (familia, amigas, amigos, compañeras, pares) dará las herramientas pertinentes para cumplir con el objetivo de formar personas críticas y propositivas. Insisto, no se trata de convertirnos en todólogos, pero si de tener el conocimiento mínimo general para poder establecer relaciones interdisciplinarias en los contenidos de nuestras clases. Por ello es importante que se implementen y asistamos a cursos que sean de otras disciplinas o interdisciplinarios.
Conocer un poco más a nuestros estudiantes es uno de los mayores retos de nuestra labor. Son muchos, en ocasiones llegamos a tener cerca de 400 estudiantes. La empatía es una herramienta indispensable que necesitamos los docentes. Tenemos que comprender que nuestros estudiantes son distintos a nosotros y distintos entre ellos mismos, que quizá viven contextos difíciles y que por eso no tienen el rendimiento que deseamos que tengan. El contexto influye, pero no determina. Una educación interdisciplinaria, integral y contextual le permitirá a un estudiante reflexionar sobre las alternativas y las herramientas con las que cuenta en la toma de decisiones que requiera para su bienestar. En este sentido una biografía narrativa, construida con sus palabras a partir de variables como expectativas laborales, cómo se ven a futuro, intereses, tiempo de ocio y de estudio, pasatiempos, contexto familiar y social, etcétera, arrojan información sobre nuestros estudiantes, que podemos utilizar para mejorar nuestra labor.
La docencia es una experiencia de transformación. Los docentes tenemos que resignificar el sentido de la educación y del aprendizaje. Todos somos parte de la sociedad. La formación que demos a los estudiantes repercutirá en esa misma sociedad. Somos una parte importante en la generación y regeneración social. Influimos en la familia, y a través de ella en la sociedad. Generamos y transmitimos valores sociales. Cumplimos en la totalidad social una importante función integradora. Hay que vernos como los agentes de cambio que somos. Formamos y transformamos ideas, conciencias, personalidades, individuos. Esos individuos forman y transforman nuestra sociedad. El presente es construido por el pasado, y el futuro será construido por el presente. Nosotros somos el presente. Nuestros estudiantes lo son. Ellos construirán el futuro. La responsabilidad social es grande, así debemos plantearlo. No es sólo llegar al aula y platicar-enseñar sobre los temas, nuestro trabajo va a influir en el pensar y el actuar de nuestros estudiantes. El contexto actual es complejo y difícil. Hay dificultades laborales, violencia, suicidios, deserción escolar, embarazos no planeados, trata sexual, violencia entre pares, violencia de género, apatía ciudadana, etcétera. Debemos pensarnos como docentes con un fuerte compromiso social, como agentes de cambio en un nivel importante de acción. Nuestra labor como docentes debe ser transformadora, debe influir en que nuestra sociedad cada día sea mejor.


[1] Nos referimos a las ideas de las teorías constructivistas, que enfatizan que el conocimiento se construye a partir de la realidad de cada persona. 

miércoles, 7 de mayo de 2014

Nosotr@s amamos: el poliamor y la tiranía de la monogamia.

Las relaciones de pareja han sufrido dos grandes tiranías: por un lado, la de la heterosexualidad, por el otro, el de la monogamia.
El poliamor es la práctica que se sustenta en la idea de que los seres humanos somos capaces de amar a más de una persona, con la misma intensidad y fuerza. La idea en realidad no es nueva para nadie. ¿Quién no ama a más de una persona? Amamos a nuestras madres y padres, a nuestr@s herman@s, a nuestras hijas e hijos, a nuestr@s sobrin@s, a nuestros amigos y amigas, y a muchas personas más, las amamos con mucha intensidad, pero nos relacionamos con cada una de ellas de manera diferente, y por lo tanto la expresividad del amor se da de manera distinta. En este sentido todos somos poliamorosos. Pero la cosa salta cuando hablamos de las relaciones de pareja, esas que están condenadas a las dos tiranías que mencionamos arriba. “No desearás la mujer de tu prójimo”, resalta uno de los mandamientos de la religión judio-cristiana. Y la pregunta obligada es: ¿por qué a los seres humanos se nos restringe la capacidad de amar a más de una persona? Las respuestas pueden ser múltiples, dependiendo de la perspectiva a través de la cual se contemple el problema. Desde el materialismo histórico y la perspectiva de género se puede argumentar que la necesidad de establecer familias monogámicas responde al sentido de propiedad: de la tierra, de las mujeres, de las familias. Si la propiedad (de la tierra en un primer momento) es uno de los primeros elementos por los que el ser humano crea un pacto social (aún cuando este sea muy mínimo), esta propiedad se va fortaleciendo a través de los lazos de parentesco. Las esposas llegan con dote, en dinero o en especie, lo que hace que la propiedad del marido y de la familia se agrande. Si se tienen más esposas, puede aumentar la propiedad del marido, pero también verse disminuida al heredarla a los hijos que con ellas procrea, por eso también la división en algún momento de la historia entre hijos legítimos e ilegítimos, éstos últimos no eran susceptibles de heredar. Desde este sentido, la monogamia puede ser impuesta para conservar las propiedades familiares. Desde la perspectiva de género la situación se torna violenta: las mujeres son propiedad del marido, quien, en muchas sociedades, sí puede tener varias esposas o parejas (poliginia), pero ellas no pueden tener más de un marido. Las mujeres que mantienen relaciones (sexuales o afectivas) con más de una persona son estigmatizadas por la sociedad, llamándose “zorras”, “putas”, “fáciles” y otros adjetivos que al pasarse a masculinos cambian su sentido al cien por ciento. Des esta manera, los varones que mantienen relaciones (sexuales, principalmente) con más de una mujer son considerados como “más hombres”, como si la capacidad de tener “hombría” dependiera del número de parejas sexuales que tenemos.
Amor y relaciones sexuales… ¿van de la mano? ¿Si amas disfrutas más la relación sexual? ¿Si no amas, no tienes relaciones sexuales? Otra tiranía que al amor entre los seres humanos se le ha impuesto: el binomio amor-relaciones sexuales. El amor trasciende las relaciones sexuales, como anotamos arriba: amamos a muchas personas, pero con cada una de ellas nos relacionamos de manera diferente. El tabú del incesto impide relacionarse de manera sexual o afectiva entre la familia, pero sin relaciones sexuales los amamos. A nuestras amistades las amamos, pero no compartimos cama con ellos. Y en ocasiones sucede a la inversa: no amas a quien comparte la cama contigo, de manera accidental o de manera cotidiana. Entonces todos somos poliamorosos, pero a quienes amamos, más que “amarlos de otra manera”, nos relacionamos con ellos de otra manera. La dificultad del poliamor, entendido como práctica de relación sexo-afectiva, es que no puede expresarse por las grandes cadenas mentales que los seres humanos hemos construido, y de las cuales ha sido difícil zafarnos. La capacidad de amar la ejercemos todas y todos, y la limitación de esta capacidad nos corta las posibilidades expansivas de la afectividad, limitación que ha tenido múltiples consecuencias, desde las psicológicas como los celos y la envidia, hasta las sociales como los divorcios y las demandas por adulterio. El amor monógamo y heterosexual ha sido construido como la base de la familia, la que a su vez es la base de la sociedad. Esta construcción ha dejado fuera, tanto en lo legal como en lo consuetudinario, las posibilidades de relacionarse de manera diferente y de expresar otras formas de amor. El poliamor y la diversidad sexo-afectiva son salidas a la tiranía de la monogamia y de la heterosexualidad. En este sentido, son elementos revolucionarios de la sociedad.

Héctor García Montiel

07/05/2014

jueves, 1 de mayo de 2014

Maternidad y mujeres en el siglo XXI.

A lo largo de la historia, y en la mayoría de la geografía planetaria, las mujeres han sufrido una desigualdad en relación con los varones, desigualdad que las coloca por debajo de aquellos en distintas áreas de la vida económica, político, social, cultural y de la vida cotidiana. Incluso en esas áreas donde las mujeres son “las reinas del hogar”, es decir, en el espacio doméstico, la inequidad, ejercida muchas veces a través de la violencia, se hace presente: en muchos casos las mujeres son obligadas por sus esposos a tener relaciones sexuales; en otros, la violencia económica ejercida a través del hogar (con la retención del “gasto”, o con la disminución de obligaciones económicas del conyugue).

Una de las características sociales impuestas a las mujeres, a través de su función reproductora, es la de ser madres. Madres, a fuerza… Todavía hoy, en pleno siglo XXI, y con un discurso de equidad e igualdad presente en muchas áreas de gobierno, y en muchas leyes nacionales y estatales, se estigmatiza a las mujeres que deciden no ejercer la reproducción, que deciden permanecer sin hijos.

Desde Federico Engels en La propiedad privada, la familia y el Estado hasta muchas autoras y autores contemporáneos del feminismo y la teoría queer, se coincide en que es la función reproductora una de las principales causas que ha mantenido a las mujeres en una situación de subordinación. La idea de la “mujer completa” en tanto mujer-madre sigue legitimándose a través de diferentes discursos, provocando en muchas ocasiones la exclusión, el rechazo o el desprestigio de aquellas mujeres que deciden no ser madres.

El binomio mujer-madre se ha convertido en la sublimación del ser mujer. Es la primera relación de las mujeres a través de la sangre. Las mujeres vistas en relación con alguien: mujeres-madre, mujeres-esposas, mujeres-hijas. Pocas veces son vistas como trabajadoras, obreras, campesinas, profesionistas… “es la esposa del licenciado Fulano de Tal…”. “Es la madre del médico Mengano…”.

El género como concepto nos permite identificar las desigualdades producidas por la diferencia sexual, e indagar las bases sobre las cuáles se construyen esas desigualdades.

Y en México, el día de las madres también tiene su explicación desde la perspectiva de género, desde el feminismo. Y la visión cambia.
Durante los años veintes del siglo pasado, recién terminada la revolución, el estado de Yucatán vivía una vida progresista debido a los gobernadores socialistas Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto. Desde la historia del feminismo mexicano no es un dato curioso el que los primeros congresos feministas se hayan llevado a cabo en Yucatán, en 1915 y 1916, y que Elvia Carrillo Puerto, hermana del gobernador, haya sido impulsora de diferentes agrupaciones feministas, entre ellas la Liga Feminista Rita cetina Gutiérrez y la Liga Orientadora de Acción Femenina, ambas a mediados de los años veintes. Y en 1922 comienza la historia del día de las madres en México. Esperanza Velázquez Bringas, feminista mexicana, basada en las ideas de Margaret Sanger, promovía en Yucatán el control de la natalidad, orientado a mejorar las condiciones de las y los campesinos indígenas, que no podían salir de la pobreza debido al número de hijos que tenían, y que no podían mantener en buenas condiciones. Esta campaña de control de la natalidad fue apoyada por el gobierno del estado, y promovida en las escuelas, pero tuvo muchos detractores, entre ellos la sociedad conservadora de Yucatán, iglesia católica yucateca y La Revista de Yucatán, que en sus páginas criticaba duramente la acción de las feministas y la campaña de control de la natalidad. La situación no se quedó en el plano estatal. Para atemperar los efectos de la campaña anticonceptiva, el periódico Excélsior publicó en su edición del 13 de abril de 1922 lo siguiente:
Excélsior lanza la idea de que se consagre la fecha mencionada (10 de mayo), de una manera especial, para rendir un homenaje de afecto y de respeto a la madre; y pide la cooperación de sus colegas y el público parta realizar este levantado propósito. Hoy que en el extremo meridional del país de ha venido cometiendo una campaña suicida y criminal contra la maternidad. Cuando en Yucatán elementos oficiales no han vacilado en lanzarse a una propaganda grotesca, denigrando la más alta función de la mujer, que no sólo consiste en dar a luz, sino en educar a los hijos que forma de su carne, es preciso que la sociedad entera manifieste… que no hemos de ninguna manera llegado a esa aberración que predican los racionalistas exaltados”. Esa aberración, se basaba en la preocupación que las feministas mexicanas tenían por las familias campesinas y obreras que vivían en condiciones de miseria. Así, las fuerzas reaccionarias ante los problemas de las mujeres, y ante problemas sociales como la pobreza, establecieron que “la más alta función” de las mujeres es la maternidad, quitándoles no sólo discursivamente, sino también en la práctica, la posibilidad de desarrollarse como individuos, sin ser la otredad, es decir, sin ser la madre de Tal, la hija de Tal o la esposa de Tal.

En este siglo XXI, se tiene que retomar la idea de la maternidad libre y voluntaria. La función más alta de las mujeres no es ser madres, no es reproducir a la especia, es desarrollarse como ellas quieran, sin tener las ataduras sociales que el género les impone.

Héctor García Montiel
01/05/2014


miércoles, 23 de abril de 2014

La apatía y la política en los jóvenes.

La apatía y la política en los jóvenes.


Se ha argumentado que los jóvenes son apáticos de la política porque están desencantados de la realidad que se desenvuelve en ese ámbito, de sus protagonistas y de todo lo que gire alrededor de ello. “No me interesa la política”, era la frase de una colega historiadora. También se alega que las instituciones están alejadas de las realidades juveniles, y que no hay programas sociales que los incluyan. Está última afirmación es cierta. Pero la primera es cuestionable. Cierto es que todo lo que gira alrededor de la “política” (así, entrecomillada) desencanta no sólo a los jóvenes, sino a cualquiera. Pagamos impuestos que no se ven reflejados en la calidad de vida de las personas; nuestros supuestos representantes nunca nos consultan una sola de las decisiones que toman; el poder judicial verdaderamente tiene una justicia ciega (no ve a quien le da el chingadazo, como lo demuestra la cantidad de personas inocentes en prisión, por fabricación de delitos, entre otras causas, y por la cantidad de personas que se encuentran, después de muchos años, en espera de sentencia…). Sí, la “política” desencanta a todos. Pero si le quitamos las comillas a la política, entonces entran varios factores y actores sociales que no son ya los que conforman en gobierno. Me refiero a la sociedad civil, organizada o no, a los colectivos, asociaciones, grupos, individuos, que también formamos parte de eso que es la política. De hecho, en teoría, la sociedad civil es el eje a través del cual deberían de estar organizados los otros poderes, y la Constitución así lo manifiesta… pero acá la teoría no sirve de nada. La cosa es que nosotros también somos parte de la política, y por supuesto, del Estado, que no sólo está formado por la múltiples instituciones que día a día ocupamos (escuelas, hospitales, sistemas de transporte, etc.) sino también, de nueva cuenta, por la sociedad civil en su conjunto. La sociedad civil es lo que está fuera del gobierno, pero no fuera del Estado. Si Luis XIV decía que el Estado era él, después la revolución francesa dijo que el Estado era la sociedad civil, y lo demostraron tumbando lo que se llamó Antiguo Régimen. Pero los revolucionarios franceses tenían razón. En última y en primera instancia, las instituciones del Estado deben responder a las necesidades de la sociedad civil; pero la sociedad civil también debe responder a la falta de respuesta de o de los gobiernos que se ocupan de manejar ese Estado. La política entonces se desenvuelve (o debería) en una relación dialógica entre sociedad civil y gobierno. Cuando no se desenvuelve en ese sentido, el Estado se convierte en una Estado dictatorial. Pero puede que el gobierno se imponga sin ser una dictadura, como en el caso de nuestro país. “La dictadura perfecta”, dijo Mario Vargas Llosa del priato, nunca perdido y ahora más vivo que nunca. ¿A qué se debe eso de que en una supuesta democracia se construya una dictadura política? A qué en este país la sociedad civil, la ciudadanía, es mínima. Es decir, la población es mucha, pero aquella conciente de que es parte de la política, es mínima.  Los jóvenes pueden quedarse con la idea de “papá gobierno”, es decir, del gobierno como única autoridad, y que no se le puede llevar la contraria porque de nada sirve, de todas maneras hará lo que quiera. Pero también podrían adoptar la idea de que ellos deben ser sujetos activos, agentes de cambio, en la medida de sus posibilidades individuales y organizativas. La participación de los jóvenes como actores sociales es determinante en el desarrollo histórico del país. En cada época crítica los jóvenes han estado comprometidos con su momento histórico, en la conquista, en la independencia, en la reforma, en la revolución de 1910, en el movimiento vasconcelista, en los movimientos magisterial y médico, en el movimiento de 1968 y 1971, en el movimiento urbano popular, generado a mediados de los ochentas y acrecentado por el sismo de 1985; el movimiento estudiantil de 1987 y 1999; en el fraude electoral de 1988; en el cambio que se pensaba congruente en el año 2000, y en las recientes movilizaciones contra el gobierno de Enrique Peña. La política es también participación desde este lado. Si la culpa de la ineficiencia de los gobierno se las seguimos achacando a los políticos, vamos a seguir viendo con un solo ojo. La participación de los jóvenes y de la sociedad civil en su conjuntos, dentro de las posibilidades de cada quien, es importante para poder ver con los dos ojos. Si la sociedad civil es numéricamente mayor, y el gobierno es menor, ¿por qué no cambian las cosas? Pregunta frecuente en varios jóvenes. Las respuestas pueden ser muchas. Pienso que una de ellas es precisamente el que nos excluimos de la política, cuando la política debe estar para mediar el pacto social, es decir, la relación entre sociedad civil y gobierno. ¿Cómo pueden participar los jóvenes? También cada quién tendrá sus respuestas. Los jóvenes de hace 20 años participábamos en algunas cosas: marchas, creación de colectivos, creación de fanzines, círculos de estudios, organización de eventos. Los jóvenes de ahora tendrán otras respuestas ante la situación actual. Los medios de comunicación ahora trascienden las fronteras espaciales e impresas. El compromiso de los jóvenes con su momento histórico se ha demostrado, por ejemplo, con el movimiento #Yosoy132. Su trascendencia, en una lectura personal, fue menor, pero no por la calidad de las propuestas, sino por la cantidad de jóvenes que participaron en el movimiento. ¿Por qué no se sumaron en mayoría los estudiantes de la Unam, del Poli, y en general de los subsistemas de educación de la SEP? No lo sé… Pero lo cierto es que el compromiso de los jóvenes para con su momento histórico es indispensable para transformarlo. Así como José Vasconcelos, desde el Ateneo de la Juventud, exhortaba a la intelectualidad juvenil mexicana de la década de 1910, a construir un mundo cultural contrario al Porfiriato y paralelo al proceso revolucionario que se estaba viviendo, así los jóvenes de hoy deben comprender que su compromiso es fundamental para transformar la sociedad.

Héctor García Montiel
23/04/14 

miércoles, 16 de abril de 2014

¿Quiere conservar su inteligencia independiente o pasa a la catafixia?


Cada época ha tenido sus propios medios, objetivos y objetos de censura. Diferentes instituciones, la ha ejercido hacia diferentes grupos de la sociedad. Durante muchos siglos, la Inquisición condenó la publicación de cientos de obras, cuya lectura resultaba peligrosa para el status quo del momento. Y eso que los libros llegaban a un reducido número de personas… Posteriormente, en los siglos XVIII, XIX y XX, la prensa cobró tal importancia que fue denominada el cuarto poder. Durante el siglo XIX, la prensa fue el instrumento de discusión política y convencimiento; durante todo el siglo XX, la prensa resultó un elemento positivo o negativo para los gobiernos. Los dueños del poder político apapacharon o destruyeron la prensa que les era útil o no. Para el último tercio del siglo XX (que en términos de historia de la tecnología podría ser el principio del siglo XXI), la televisión fue el instrumento que los dueños del poder político, ahora junto con los del poder económico, utilizaron para crear la imagen de buen gobierno, a través de la construcción ideal de un buen régimen, avalado en noticieros, programas de entretenimiento, telenovelas, etcétera; y a través de la distracción teledirigida de una sociedad cada vez más carente de valores como la solidaridad, el respeto, la unión, el trabajo solidario. El arquitecto del emporio televisivo hasta ahora más grande, Emilio Azcárraga Milmo, se declaró en su momento “soldado del PRI y del presidente”. Y el mencionado empresario no sólo poseía el entonces monopolio televisivo, sino que más del 50% de la radiodifusión en el país, es decir, tenía los medios de comunicación en su poder. ¿Para qué sirven los medios? Si la prensa fue el cuarto poder, la televisión y la radio se convirtieron en el quinto. Es decir, si bien la opinión pública no estaba (ni está actualmente) representada en los medios electrónicos (T.V. y radio), estos medios sí formaban esa opinión pública. Tal parece que el magnate de los medios de comunicación había aprendido lo suficiente de Joseph Goebbels. De esta manera, la realidad era construida por el gobierno en turno, con ayuda de su soldado principal: la televisión. Cualquier cosa que fuera disidente no tenía cabida, como fue mostrado durante la mañana del 3 de octubre, cuando las editoriales y los encabezados poco criticaban la actitud del ejército, y de hecho, algunos aplaudían la masacre de Tlatelolco. Con el paso de los años, y en el marco de la venta de empresas estatales, la “competencia” la dio Carlos Salinas Pliego, quién pronto diversificaría sus empresas de “abonos chiquitos”. La censura en la televisión era total. Y la disidencia nula. En el radio esta última poseía algunos medios: las radios comunitarias, pero también con las dificultades técnicas (y burocráticas, cuando eran legales). El gobierno siempre se la ingenió para poner censura en estos medios, ya sea a través de cierres de estaciones radiofónicas, ya sea a través de negar permisos. Ahora, en el ya avanzado siglo XXI, la Internet, y particularmente las redes sociales, se convierten en el sexto poder de un Estado, en un poder que se ha manifestado ya en el África del Norte, en Europa, en todo el mundo, un poder que no había existido nunca, y que le permite a cualquier ciudadano de a pie, decir lo que quiera a través de la gran red universal. Lo anterior no es menos, se trata de por primera vez en siglos, la sociedad puede organizarse para poner en jaque a sus autoridades, desde la más alta, hasta la más baja. Hace pocos días en el noticiero de Carmen Aristegui se dio a conocer una investigación que acusaba al líder del PRI en el D. F. de trata de personas. El noticiario es excelente, pero en radio convencional no tiene la audiencia que quisiéramos. Lo que detonó la bomba, fue precisamente la difusión de esa noticia en las redes sociales. Es por eso que las leyes secundarias en telecomunicaciones permiten al gobierno desactivar la Internet si considera conveniente hacerlo. En México tal iniciativa pudiera parecer graciosa: para qué hacer eso en un país donde la gente no participa en su mayoría. Pero es que precisamente la cosa va por ahí. Cada vez es más el descontento de la población con sus autoridades; cada vez es más palpable la inflación en los bolsillos de la población. Por eso quieres desconectarnos. Las reformas estructurales del sexenio le darán a México el rostro del siglo XXI. En materia de comunicación y telecomunicación, la sociedad va perdiendo: cambiamos nuestra inteligencia en la catafixia, y nos quedamos En familia, con Chabelo

jueves, 14 de julio de 2011

Ciclo de cine-debate: Otras formas de expresar la realidad: el cine de animación.






El Instituto Interdisciplinario de Estudios Aplicados “Lou Andreas Salomé”, A. C. te invita a su Taller Permanente de Sexualidad y Género, donde trataremos diferentes temas relacionados con el ejercicio responsable de la sexualidad, y con la equidad de género.


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