lunes, 16 de junio de 2008

El intervencionismo norteamericano en América latina. De la doctrina Monroe a la revolución cubana. 1ª parte.

Desde finales del siglo XVIII y principios del XIX los Estados Unidos vieron la necesidad de asegurar sus intereses en el continente ante la constante presencia de las potencias europeas. La política llevada a cabo para la compra de Luisiana y la expansión hacia el oeste son muestras de que los Estados Unidos estaban llamados a constituirse en un poder hegemónico en el hemisferio occidental.[1] El intervensionismo norteamericano en América Latina hay que enmarcarlo siempre en el contexto de las relaciones internacionales no solo continentales, sino extracontinentales. En el periodo aquí comprendido destacan dos aspectos que alteran el sistema internacional y que de alguna manera influyen en la política que los Estados Unidos tienen para con los países latinoamericanos. El primero de estos aspectos es el expansionismo europeo sobre el resto del mundo que se produce en el último tercio del siglo XIX. El segundo tiene que ver con el sistema bipolar que acelera sus tensiones en Latinoamérica durante la segunda mitad del siglo XX.
A lo largo de la historia el intervensionismo norteamericano en el resto del continente se ha manifestado de muy diversas formas: desde el intervensionismo militar, hasta el económico, pasando por el diplomático, el político y el cultural. Si bien este último aspecto no será tocado en el presente trabajo, es necesario hacer notar que la penetración cultural que sufren los países latinoamericanos por parte de los Estados Unidos es un arma que de alguna manera les ha servido para contrarrestar los efectos negativos que su política intercontinental trae consigo. La noción del american dream sigue siendo elemento de motivación entre mucha gente, prueba de ello es el constante crecimiento de la comunidad latinoamericana en algunas regiones de los Estados Unidos.
El motivo de cortar el trabajo en la Revolución Cubana solo es por fines prácticos y motivos temporales. Sin embargo es necesario mencionar que la política de Estados Unidos hacia América Latina si bien no es ya la del garrote (aunque recordemos la invasión a Panamá con motivo de juzgar a Noriega), sigue teniendo el mismo fondo pero diferente forma.
La política continental llevada a cabo por los Estados Unidos tiene sus fundamentos y orígenes en la Doctrina Monroe, lanzada en un tiempo en que las independencias americanas se veían amenazadas por el interés de Europa de volver a penetrar en el continente. Dicha doctrina la podemos resumir en cuatro puntos básicos: 1) el continente americano no esta sujeto a nuevos intentos colonialistas por parte de las potencias extracontinentales; 2) los gobiernos americanos eran esencialmente distintos e independientes de los de Europa; 3) los Estados Unidos considerarían un ataque a sus intereses cualquier intento de interferencia de las potencias extracontinentales[2]; y 4) los Estados Unidos no intervendrían en las colonias europeas existentes en América, ni en los asuntos tanto internos como externos de las potencias europeas. Estos principios, junto con otros que se irían agregando a lo largo del tiempo y dependiendo la coyuntura, regirían la teoría política exterior de los Estados Unidos para con América Latina. A través de la doctrina Monroe “Norteamérica asume unilateralmente el papel de protectora de los demás países del hemisferio. Los espíritus críticos de la época, y sobre todo Simón Bolívar, se dieron cuenta enseguida del contenido potencialmente imperialista y hegemónico de la Doctrina, que serviría más adelante para las intervenciones norteamericanas en asuntos internos de los pueblos latinoamericanos; intervenciones dictadas por la rapacidad y la ambición de poder, pero justificadas en teoría por el empeño de «proteger» o «defender» a las víctimas, supuestamente en peligro de ser atacadas por potencias extracontinentales”.[3]
El mismo Bolívar fue uno de los impulsores del Congreso de Panamá, que se realizo en junio de 1826 y al cual solo asistieron Colombia, Perú, México y Centroamérica. El Congreso dio como resultado el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua que tenía como finalidad ligarse y confederarse para la guerra y la paz.
Especial fue el interés tenían los Estados Unidos en el área de Centroamérica y del Caribe, interés que lo llevó a confrontaciones con otras potencias europeas tales como Gran Bretaña o España. Toda Latinoamérica, pero principalmente la zonas arriba mencionadas eran zonas de rivalidad entre Inglaterra y Estados Unidos. Cuba era un importante enclave comercial y un importante productor de azúcar. Centroamérica era el lugar idóneo para la construcción de un canal que comunicara los océanos Pacífico y Atlántico.
Después de que España perdió sus colonias, el principal rival de los Estados Unidos en el continente americano era la Gran Bretaña. Las inversiones de Gran Bretaña en el continente fueron determinantes durante el siglo XIX y una parte del XX.
Uno de los primeros momentos del intervensionismo norteamericano se da cuando en 1825 Clay, secretario de Estado del presidente Adams, instó a México y a la Gran Colombia a suspender los planes de invasión que tenían para invadir Cuba y responder a las hostilidades que desde ahí les lanzaba España. El 1826 Adams ratificó su voluntad de garantizar que Cuba siguiera en manos de España; 73 años más tarde serían los Estados Unidos los que ayudarían de manera determinante a la independencia cubana.
Dentro de las tensiones generadas por los grupos antagónicos dentro de los países latinoamericanos, los Estados Unidos también tuvieron mucho que ver. Durante el segundo cuarto del siglo XIX, en el contexto de las luchas entre liberales y conservadores en Latinoamérica, los Estados Unidos apoyaron a los primeros para disminuir la influencia de los segundos.
Para mediados de la década de los cuarentas del siglo XIX surge una tensión entre Estados Unidos y Gran Bretaña en relación con la construcción de un canal en el Istmo centroamericano. En 1846 se negocio el Tratado de Bidlak, por el cual se concedió a los ciudadanos norteamericanos el derecho de tránsito en las mismas condiciones que tenían los ciudadanos de Nueva Granada, es decir se logró la neutralidad del istmo. Las tensiones continuaron y en 1850 se firmo el tratado Clayton-Bulwer, en el cual se acordó reconocer el equilibrio de ambas fuerzas sobre el istmo y establecer una especie de condominio sobre el área. Ninguna de las dos potencias tomaría la iniciativa de construir un canal por decisión unilateral. La obra sería ejecutada de común acuerdo y el país encargado de ella se abstendría de ejercer el control político exclusivo del canal, así como de fortificarlo militarmente.[4]
Para la década de 1850, Centroamérica se encontraba dividida en cinco estados, sometida a la dominación conservadora de Rafael Carrera, mientras que desde el exterior se ejercía esta suerte de condominio angloamericano, fundamentado en el tratado Clayton-Bulwer.
En cuanto a Cuba, durante el segundo cuarto del siglo XIX, la política que los Estados Unidos tomaron hacia la isla fue la de apoyar la permanencia del poder español en la isla, poder mucho menos significativo que el de otras potencias europeas, que significarían una amenaza en caso de apoderarse de la isla. Con el auge económico que vieron los Estados Unidos entre las décadas de 1830-1850, esta nación comenzó a promover en forma más directa la anexión de Cuba. En 1848 el presidente Polk ofreció a España la suma de 100.000 dólares por la isla. La corona española se negó. En 1850, en un segundo intento por invadir Cuba, Narciso López es apoyado por el sur estadounidense y la oligarquía cubana. La invasión fracasa. Cuba constituyó entre 1843 y 1860 un foco de tensión política internacional. Los Estados Unidos realizaron actos de diversa índole para apoderarse de Cuba sin resultados positivos. La doctrina del Destino Manifiesto y el espíritu expansionista de los norteamericanos se manifestó claramente en México y Cuba.
Para 1854 Franklin Pierce ofreció a España la suma de 130 millones de dólares por Cuba. Se presionaba por la anexión de la isla debido a las supuestas pretensiones inglesas sobre el enclave caribeño. Ministros plenipotenciarios estadounidenses acreditados en Europa reclamaban la conquista de la isla incluso por la fuerza. Boersner anota que: “los Estados Unidos manifestaron su tendencia expansionista frente a Cuba y Centroamérica. La oligarquía latifundista y comercial de los estados del sur constituye el principal baluarte de estas tendencias hacia la conquista de territorios latinoamericanos”.
En 1855 William Walker fue contratado por el grupo de liberales nicaragüenses exiliados en Estados Unidos para liberar a Nicaragua. Walker permaneció en el istmo hasta 1857 en que fue expulsado por los centroamericanos.
A partir de 1880 el potencial económico-financiero de los Estados Unidos se hizo sentir en América Latina la embriaguez del éxito material se tradujo en embriaguez imperialista. El reparto del mundo se estaba decidiendo y los Estados Unidos no querían quedarse atrás. Si bien el expansionismo territorial estadounidense no había pasado del norte mexicano, el expansionismo ideológico no tardó en hacerse presente. “Uno de los síntomas del espíritu imperialista, producto de una nueva etapa del capitalismo norteamericano, lo constituyó el deseo de participar activamente en los asuntos políticos de Latinoamérica y asumir en forma decidida el papel de árbitro en las relaciones internacionales americanas”.[5] Desde principios de la década de los ochenta (del siglo XIX), los estadounidenses desarrollaron el concepto de un sistema panamericano, dirigido por el gobierno de Washington, con los países latinoamericanos en calidad de protegidos por el coloso del norte. Dos eran los propósitos fundamentales de tal sistema: 1) la creación de una unión aduanera americana, donde los Estados Unidos tendrían el papel de abastecedores y financiadores del subcontinente; 2) implantar un sistema de arbitraje obligatorio donde los Estados Unidos serían jueces y árbitros de Latinoamérica. La primera Conferencia Internacional de Estados Americanos inicio en octubre de 1889. Asistieron Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Ninguno de los dos propósitos se aprobó en la reunión. La convocatoria a la Conferencia, que incluyó una excursión por las zonas industriales de los Estados Unidos, “tenía por objeto estimular a las naciones latinoamericanas a buscar el liderazgo económico y político de los Estados Unidos en vez de Europa”.[6] El principal resultado de la conferencia fue la creación de una Unión Internacional de las Repúblicas Americanas cuya sede estaría en Washington. La función principal de este organismo sería la de recibir y divulgar información económica y técnica de los países miembros de la Unión. De esta manera los Estados Unidos se apropiaron de la idea de una organización internacional americana y dieron el primer paso para establecer su liderazgo sobre una unión de repúblicas.

[1] Me refiero a que visto en retrospectiva los Estados Unidos se perfilaban como una potencia continental. Para la época quizá sería impensable atribuir a los Estados Unidos el papel de potencia. Sin embargo, y a riesgo de parecer poco parcial, en las declaraciones sobre la compra de Luisiana que Jefferson hace en 1803, aparecen tintes políticos de corte maquiavélico, enunciando desde esas tempranas épocas un afán expansionista y de control sobre el territorio americano.
[2] No se habla de un intervensionismo intercontinental.
[3] Boersner, Demetrio, Relaciones Internacionales de América Latina, México, Nueva Imagen, 1982, p. 106
[4] Ibid., p. 134.
[5] Ibid., p. 192
[6] “América Latina, los Estados Unidos y las potencias europeas, 1830-1930”, en Leslie Bethell (ed), Historia de América Latina, T.7, Barcelona, Cambridge University Press / Crítica, 1991, p. 79.

2 comentarios:

Belencita dijo...

Muy bueno!!!!

Anónimo dijo...

Es Muy bueno el articulo , estoy colaborando en una investigacion sobre migracion y tiene que ver mucho el intervencionismo de EU me gustaria saber mas sobre el tema, ojala me puedas ayudar con recomendaciones de bibliografia, soy estudiante de Economia, gracias, te dejo mi correo por si me contestas jagp_182@hotmail.com