Hoy desperté a las 6 y media de la mañana. Empecé mi día normal, con la rutina matutina. A las 9 de la mañana fui al Aurrera a comprar el alimento de mis perros. El costal de croquetas que compré el mes pasado me costó 290 pesos. El mismo costal el día de hoy me costó 100 pesos más: 398. “¡Chale —me dije—, me cae que no es posible esto! Me di una vuelta por el Aurrera buscando algunas cosas que tenía que comprar: todo había aumentado de un día para otro… todo, claro, menos mi (y supongo que el de muchos de ustedes) salario. Salí para el trabajo a las 10 de la mañana, y nuevamente me sorprendí al pagar mi pasaje: el transporte público aumentó 50 centavos. Tal vez no parezca mucho si los vemos así, como 50 centavos que a veces nadie recoge del suelo. Pero resulta que si tomó dos peseros de ida y dos de venida, ya no son cincuenta centavos, sino ¡dos pesos! Y eso multiplicado por 20 días hábiles son 40 pesos. Tan sólo de mis pasajes y de las croquetas de mis perros ya gasto 140 pesos más ...
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